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  • "Creo que (...) si queremos mejorar la calidad de nuestras decisiones hemos de aceptar la naturaleza misteriosa de nuestros juicios instantáneos. Necesitamos aceptar que es posible saber sin saber por qué y que, a veces, éste es el mejor camino". Malcolm Gladwell, en "Blink"


    Si una mañana de invierno caminas por un Parque Natural y te cruzas con lo que a todas vistas parece un pintor, tienes -como mínimo-, dos opciones:

    Ser un educado, dar los buenos días y seguir tu camino. O ser un espabilado, dar los buenos días y preguntar por la hora, la colina nosequé, la cueva nosecuantos o cualquiera de esas preguntas que hace la gente rápida cuando quiere entablar una conversación con alguien que le parece interesante.

    La tercera opción es para los que somos lentos: consiste en dar los buenos días, pasar de largo y darse cuenta, metros después, de que acabas de cruzarte con una estrella camuflada.

    Y tienes que volver.

    Por suerte, los lentos tenemos poca vergüenza... O es que la perdimos de tanto estrellarnos.

    Nick estaba frente al lago cuando llegué.

    Hacía frío, pero su jersey descansaba junto al resto de bártulos. De pie, se disponía a pintar en camiseta.

    Disparé un par de fotos y le pregunté educadamente si le podía entrevistar.

    En cuestiones de improvisación, el lugar es lo de menos. Lo de más es escuchar esa voz interior que no conoce de pronósticos. Y reaccionar en consecuencia.

    -Estaré pintando unas tres horas. No tengo móvil, pero podemos quedar a la una aquí. Okay?

    Y tan Okay. A los artistas hay que decirles siempre que Okay. Luego ya veremos cómo lo solucionamos.

    El día empeoraba cuando me despedí de Nick pero el Parque estaba precioso, con esa alfombra de colores que sólo veo cuando estoy lejos de casa. La niebla empezó a bajar. Continué caminando. Vi un tronco en el suelo, y al detenerme en las marcas que recorrían su corteza me acordé de la novela de Nino y Ali, ésa donde aprendí que el bosque es para los que tienen preguntas.

    -¿Qué hora es?

    Era hora de volver.

    Desandé el camino y se puso a llover, cada vez con más fuerza.

    Si has quedado con un pintor a la una del mediodía frente a un lago, y el artista en cuestión no tiene móvil porque dice que no quiere tener móvil y punto, o el pintor es un colgado que ama el arte de deconstruir la pintura bajo la lluvia, o el chaval es un chico listo y ahora mismo está en el bar después de haber dejado a buen recaudo el paisaje que asomaba por su lienzo.

    Nick tenía cara de listo, así que no había motivos para seguir caminando hacia el lago. Pero un trato es un trato, por eso decidí terminar de mojarme, llegar hasta allí, confirmar su ausencia y marcharme a tomar un café con leche.

    Estaba tan concentrada en mis pasos que no le oí llegar.

    - Ey, ¡has venido! Pensé que te habrías marchado. Por la lluvia, digo.
    - Sí, fui a guardar el cuadro al hotel. Pensé que no volvería a tiempo. Y no estaba seguro de que fueras a venir. Por la lluvia, digo. ¿Te apetece un café?
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