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  • El museo De Young dedicaba una amplia retrospectiva a Rudolf Nureyev, el bailarín, coreógrafo y director ruso que murió prematuramente en París el mismo día en que los Reyes Magos llenaban los hogares de 1993 de carbón y sorpresas.

    Jim Kohn, guía de la exposición, nos llevó de viaje por la vida de Romeo, Julieta y otros dramas épicos que Nureyev bailó al son del terciopelo. Cuando el reloj marcó la hora, el grupo se fundió en un aplauso de agradecimiento para aquel guía de mirada de elegante que rondaba los sesenta.

    Era el momento de acercarse y preguntar:

    -Disculpe, quería felicitarle por la visita, muestra Usted una gran pasión como guía. ¿Hace mucho que trabaja en el museo?

    -En realidad soy profesor universitario, esto es sólo un hobby, contestó Jim.

    Diez minutos más tarde, mi invitación a un café se hacía realidad en la terraza soleada de De Young Museum. Entre un cortado y dos palmeras, Jim se presentó oficialmente como profesor universitario de Inglés como lengua extranjera aspirante a jubilado con cuarenta años de docencia y un año de experiencia en China.

    - Lo del museo es nada, una pequeña fuente de ingresos, sobre todo ahora que empiezo una nueva etapa, pero lo cierto es que me encanta enseñar, apuntó.

    Viajamos atrás en el tiempo, hasta 1965.

    Estados Unidos se batía en guerra contra Vietnam, Jim se batía en guerra contra la vida adulta y sus padres se resistían a la idea de que su hijo se fuera a viajar por Europa. La danza del desacuerdo quedó resuelta tras dos meses belicosos. El tratado, sencillo y paternal, contemplaba dos opciones: alistarse en el ejército o matricularse en la universidad. Al plan C de seguir paseando por Europa sus padres no le dedicaron ni un minuet.

    Jim renunció a Europa, descartó Vietnam y eligió matricularse en Escritura Creativa pero una confusión de listas le llevó a sentarse en la primera fila de una carrera no elegida: Inglés como Lengua Extranjera. Los meses pasaron, y el alumno equivocado tuvo que impartir su primera práctica:

    - Aquel día descubrí que mi verdadera vocación no era escribir, era enseñar. Se me daba bien comunicar, sentía pasión por ser un intermediario entre los estudiantes y el contenido, deseé convertirme en un facilitador del conocimiento.

    Y añadió:

    -Desde entonces, al inicio de mis clases, suelo preguntar a mis alumnos cuál es su pasión, porque si logro que descubran qué es lo que realmente les interesa, estarán más cerca de poder conseguirlo.

    Le pregunté a Jim cómo podía descubrir cuál era mi verdadera pasión:

    -Sentirás que no es arriesgado, aunque a otros se lo parezca. Sentirás que estás dispuesta a jugártela, y ésa será una forma de averiguarlo.

    Luego Jim me explicó la diferencia entre el talento y la verdadera pasión:

    -Si tu pasión por una determinada actividad desaparece, es que esa pasión no era lo suficientemente fuerte. Pero si te va la vida en ello, entonces puede que transformes tu profesión en un estilo de vida.
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