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  • Quiero contar una historia ahora.
    Escuchando Another Day de Dream Theater, enmarco una escena, un lugar donde sumergirme en proyecciones de mi psiquis, y me doy un tiempito en el cual torurarlas.

    La gente pregunta, "¿Cómo escribo?" Y bueno, hay varias formas. Primero, no me pregunto cosas insustanciales. Y luego, comienzo con un buen momento. Luego salen frases, una tras otra, ideas condensadas en texto. No tengo prosa, no tengo léxico. Puedo mejorar, pero prefiero puntualizar todo primero, y usualmente, se queda ahí, como la mala hierba que creció, en vez de un árbol perfectamente podado.

    Hoy me proyectaré muy al futuro.

    ---

    Solíamos pensar que el mundo termina al acabarse cada generación. Hoy es útil pensar que el mundo se va a acabar en cualquier momento. Es en este fervor apocalíptico que nos dimos cuenta que cada momento es un acto de hacer el amor, un intento de darle función al momento desde la trivialidad.

    Cada momento que escribo empieza en un lugar, concierto, espacio, viaje, restaurante o hasta parada de bus. Hablo mucho y no le tengo miedo a los extraños, siempre y cuando asegure mi integridad física.

    Fue cuando me dí cuenta de la verdad absoluta que todo momento empezó con alguien que en un punto era un extraño, que decidí ver la gente con otros ojos.

    Si el amor no tuviera utilidad, el odio sería trivial, y no hay lugar para la trivialidad en la naturaleza. Lo que no sirve ningún propósito se muere rápido.
    No puedo decir con ninguna certeza que de hecho creemos que un amor regresa a ser un extraño, pero el tiempo, para nosotros, es un boomerang que siempre regresa.
    Nos reímos como amigos perdidos y terminamos juntos como amantes milenarios, pero aún vivió, la fobia de la redundancia acechando.

    Yo la quise y ella me quiso a mí, pero no pudimos escapar del terror del tedio, así que emprendimos en fibrilar nuestras memorias y volver a comenzar.
    Queríamos volver a conocernos en ese momento perfecto de novedad, cuando primero descubrimos el secreto de nuestro corazón en los ojos del otro.

    Ella había ganado y yo había bajado. Ella tenía patas de gallo, mientras las bolsas debajo de mis ojos se hincharon y oscurecieron. El tiempo nos había vencido.

    El crujir de nuestras articulaciones, el acueramiento de nuestra carne, el receder de nuestras fosas, y nuestro amor se habían convertido en vómito en la bulimia de ser.

    Donde yo había saboreado la negra magia y veneno de la lujuria, ahora temblaba en el sabor del decaimiento y el veneno de como el cuerpo sólo es una funda.

    "Antes de conocerme, ¿qué eras tú?" "Feliz, de pronto. ¿Quién eras tú?" "No me acuerdo, ni nadie posiblemente." "Ahora eres el nadie de alguien." Silencio.
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