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  • Había una vez un niño que se llamaba Cristóbal Colón. El pobre nació antes de que la ley que prohibía nombres exóticos existiera, así que sus papás no tuvieron ningún problema registrándolo con el nombre de Cristóbal Colón Pérez González.

    Cuando Cristóbal Colón conocía a alguien, que lo hacía a menudo, se presentaba con su nombre completo. A porque eso sí, quizá los papás no eran muy buenos escogiendo nombres apropiados para otros seres humanos pero eran intachables en buenos modales.
    -Cuando a usted le presenten a alguien, diga su nombre completo mijo, nada de andar a medias con apodos, su nombre completo como la gente decente - le decía su apá, como Cristóbal lo llamaba.

    Así que Cristóbal siempre daba un buen apretón de manos y decía -Cristóbal Colón Pérez González, para servirle- y con el tiempo Cristóbal empezó a notar que la gente se sorprendía, o se extrañaba, o sonreía, siempre que se presentaba. Así que empezó a preguntarse que gran misterio sería aquel: la gente experimentaba sensaciones extrañas cuando lo conocía. Primero pensó que la gente recordaba algo importante que habían olvidado, al juzgar por su expresión de sorpresa, después que quizá descubrían el propósito de su vida, a juzgar por su expresión de extrañamiento, o que simplemente un fuerte sentimiento de felicidad los invadía, ya que muchos sonreían.
    -De cualquier manera, la gente siente algo cuando me conoce- se dijo, así que se dedicó a ir por la vida conociendo gente. Y sabedor de el extraño y poderoso don que tenía, le era fácil hacer amigos. Era sincero y amable y quería ayudar a la gente, así que se presentaba a donde fuera. Todos pensaban que era un niño encantador, pues cada vez que iba a comprar huevos se presentaba con el comerciante, y cada vez que veía un niño que no hubiera visto antes, se presentaba con él, y así fue como hizo muchos amigos.

    Pero pronto, Cristóbal tuvo que enfrentar una de las pruebas más difíciles que todo hombre debe pasar: tercero de primaria.
    Con tercero de primaria llegaron las clases de historia, y con las clases de historia llegó el relato de como se descubrió América. Cristóbal escuchaba fascinado a la maestra explicar como hace muchísimos años, más que todos los de todos los dedos de los niños del salón puestos juntos, había habido un valiente marinero, un explorador, que con la ayuda de unos reyes muy ricos y muy poderosos había descubierto todo un continente.

    Cristóbal se dio cuenta de que había habido otra persona con su mismo nombre que había hecho grandes cosas. -Quizá el nombre sea la fuente misteriosa detrás de todo- pensó para sí- quizá yo también esté destinado a ser un gran marinero-. Esa misma tarde se amarró un pedazo de tela alrededor de la cabeza que tapaba su ojo derecho para empezar a practicar la vida de pirata, pero después del tercer golpe que se dio contra los muebles desistió de su propósito. Su siguiente idea era que iba a poder obtener grandes regalos de unos reyes poderosos, como el otro Cristóbal Colón, así que fue a practicar con su mamá. Pero cuando esta se negó a comprarle una simple bicicleta nueva, en lugar de las tres flamantes carabinas que tenía pensado pedir después, tampoco creyó que podría llegar a obtener mucho de ningún rey. Muy triste, salió de su casa el siguiente día rumbo a la escuela.

    La siguiente clase acerca del descubrimiento de América los demás niños empezaron a apuntarlo y a reírse cada vez que la maestra mencionaba su nombre, que en realidad era el nombre del personaje histórico. Cristóbal pronto descubrió la realidad. No había ningún poder cósmico y mágico detrás de su persona, lo que en realidad pasaba cuando se presentaba con alguien era que la gente se sorprendía al conocer a alguien con el mismo nombre que un personaje de la primaria, o se extrañaba de que hubieran permitido a los padres nombrarlo así, o sonreían ante la ocurrencia.

    Y muy confundido, Cristóbal le preguntó a sus papás porque habían escogido ese nombre para él. Esa misma tarde tuvieron una conversación muy larga. Pero Cristóbal Colón entendió algo que a los seres humanos les toma mucho tiempo entender acerca de la vida de uno mismo y de la forma en que uno mismo se relaciona con los demás.

    Y Cristóbal Colón Pérez González creció para ser más valiente que un marinero, más generoso que un rey y más aventurero que un explorador.
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