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  • (Hay un misterioso y sereno placer en ver cómo la otra persona disfruta verdaderamente de una relación sexual. Y es un sistema totalmente complementario: una persona se entrega deliberadamente al placer y la otra se llena de determinación para hacerla feliz; y luego los papeles se invierten. A veces las vías corren en ambos sentidos. Es la naturaleza humana. Es la sabiduría de la naturaleza.)

    (No hay nada más placentero que caminar besando las colinas y los valles más estrogénicos, sentir el perfume de la piel, no importando el color, la tonalidad, sólo reconociendo la diferencia entre una y otra y disfrutándo. Cada piel, como ya es sabido, tiene un aroma peculiar.

    Sentir cómo se humedece de placer una hembra, es haber vivido felizmente la lluvia, es haber explorado el complejo universo y hurgado, al mismo tiempo, la simplicidad de un cabello. Saber que una mujer voluntariamente se deja poseer físicamente sin reparos y ser uno el afortunado que toca y saborea, es algo que las palabras apenas pueden explicar…)

    Luego de unos minutos, Gabriela me besó la boca de una manera tan sensual que me erizó el cuerpo; me besó el cuello y los ojos y me abrazó como si quisiera hacerse una conmigo.

    Me miró breve y fijamente a los ojos; en sus pupilas pude ver el deseo y sus perversas y deliciosas intenciones. Entonces bajó hasta ahí, hasta mi centro, y jugó con él, con las manos y la boca; su mirada deliciosamente concupiscente en ocasiones se cruzaba con la mía y parecía que mil palabras de amor en silencio se cruzaban entre nosotros, las palabras se elevaban sigzagueantes y explotaban en mil colores sobre nuestra cama.

    Me besó ahí con su lengua y sus labios, con la líbido encendida; me acarició y lamió como sólo sabe hacerlo una verdadera mujer… No tuve más remedio que alcanzar la cima dentro de su boca. Sentí como se descargaba toda la tensión acumulada y en mi cerebro hubo un goce tan largo como inusual. ¡Y ella lo disfrutó como yo nunca lo había visto antes!: se tragó mi líquido placer y luego me puso ahí, con ternura, su mejilla, y me sonrió con la mirada de Eros… había en sus ojos como una necesidad de que eso no acabara, como si me pidiera que lo repitiéramos una y otra vez; parecía una esplendorosa y exuberante diosa poseída por la lujuria… Era bella y femenina y yo la amaba…

    A mi manera…






    Texto extraído de DIARIO PROHIBIDO (Spanish Edition): Óscar Perdomo León: Amazon.com: Kindle Store
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