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  • I had never thought about climbing up the Obelisk until we decided to launch the project of writing this book (www.myspecialbook.com/obelisco). There were two things that we could not leave out: taking pictures from the upper windows and writing a text describing the experience of visiting the interior.

    For different reasons, this task got delayed making us doubt of the possibility of including it in the book. First of all, we had to get the authorization to enter the Obelisk. Since this was not a regular event, there was no protocol on how to get the permission.

    To start with, we had trouble finding the division of government in charge of the jurisdiction of the Obelisk. Then, we had to convince the authorities of our noble purpose. We had a letter explaining our reasons and a third-party liability insurance document. Once we had obtained the permit, we moved on to the second step: coordinating the access.

    We had to climb up about 200 feet on a drop ladder. A government employee suggested climbing up with a harness. The idea did not seem crazy. After all, I was going to climb up by myself, in the dark and with my back to the void. (Would there be bats? I had read somewhere that there might.)

    The following day, I set off for the adventure in comfortable tennis shoes, taking the harness bought at the last minute, a bag to carry my photo camera and glasses, and my wife, of course. We met with two young government officials, one police agent with keys to access the monument, and a couple of French photographers.

    It was steep dark inside. I took out the harness and attached it quickly in front of the astonished onlookers. The French man climbed up to the first landing and came back down immediately, very impressed by the utter darkness.

    My wife had also presented the necessary documentation and was also authorized to climb up. After the preparations, we went up into the total darkness vaguely discerning an almost imperceptible point of light at the top.

    Unlike I had imagined, the drop ladder was separated from the wall. So, on my way up, I could lean my back against the wall, stop and rest. Moreover, there was a landing every 26 feet.

    It was absolutely lightless, there was a lot of soot… but no bats. We took approximately 15 minutes to ascend the 202 steps, 11.9 inches high, reaching the last level where we saw the four windows crowning the pyramidion of the Obelisk.

    The reward justified the effort. That small space of about 97 sq. feet is a very special place. The view from up there is absolutely impressive. It is said that one of the foremen set a letter in a small metallic box at the tip of the Obelisk in case it was demolished something which nowadays seems unlikely, but was not so improbable back in those days.

    More than satisfied with our experience, we went back down. We had the intimate sensation of belonging to a small group of privileged people who had achieved such a deed.

    (excerpted from the book "Obelisk, Buenos Aires Icon", 2012 My Special Book)
    ______________________________

    LA AVENTURA DE SUBIR EL OBELISCO DE BUENOS AIRES

    Nunca estuvo en mis planes subir al obelisco,hasta el día en que decidimos impulsar el proyecto de hacer este libro (www.myspecialbook.com/obelisco).

    Había dos cosas que no podían dejar de estar: las fotos desde las ventanas superiores, y el texto que describiera la vivencia de visitar su interior. Por diferentes motivos esta asignatura se fue retrasando, y llegamos a dudar de que nos fuera posible hacerlo a tiempo para llegar a incluirlo en esta edición.

    Primero había que conseguir el permiso para subir. Como no es habitual ingresar al Obelisco, no existe un protocolo para hacerlo.Nos costó un poco dar con el área de gobierno en cuya jurisdicción se encuentra el monumento, pero finalmente lo logramos. Luego, había que convencerlos de que nos merecíamos esa subida. En una mano teníamos una carta con una muy buena razón para el ascenso, en la otra… un seguro de responsabilidad civil. Cartas ganadoras: conseguimos el permiso.

    Logrado el paso 1, avanzamos hacia el 2: coordinar efectivamente el acceso. Había que subir un poco más de 60 metros por una escalera marinera. Una funcionaria sugirió que debía llevar un arnés. La idea no parecía descabellada, después de todo iba a subir solo, a oscuras, y ...¿de espaldas al vacío?. (¿Habría murciélagos? En algún lado lo había leído.)

    Al día siguiente avancé hacia la aventura con todo lo necesario: mi mujer (imprescindible), zapatillas cómodas, el arnés (comprado a último momento) y un bolso con la cámara de fotos y los lentes. Nos encontramos con dos funcionarios jóvenes, un agente de policía que tenía las llaves para acceder, y una pareja de fotógrafos franceses. Estaba realmente oscuro adentro.

    El francés subió hasta el primer descanso y enseguida volvió a bajar, bastante impresionado por la oscuridad general. Mi mujer, que se salía de la vaina por subir, también fue autorizada a hacerlo, ya que por las dudas había tramitado también la documentación necesaria. Y así comenzamos a subir, hacia la oscuridad total. Un casi imperceptible punto de luz se veía al final.

    A diferencia de lo que había imaginado, la escalera marinera estaba separada de la pared, de modo que mientras subía, podía apoyar la espalda, detenerme y recuperar aliento. Además cada 8 metros había un descanso.

    Absolutamente oscuro, mucho hollín… pero ningún murciélago. Nos tomó más o menos 15 minutos subir los 202 escalones de 30,7 cm. de altura para llegar al último nivel donde se encuentran las cuatro ventanas del “piramidión” que corona el Obelisco. El premio justificó el esfuerzo. Ese pequeño espacio de unos 9 m2 es un lugar muy especial, la vista desde allí es absolutamente imponente.

    Cuentan que uno de los capataces de la obra dejó embutida en la punta del Obelisco una pequeña caja metálica con una carta para ser leída, en el hipotético caso de que alguien decidiera demolerlo (algo que hoy parece improbable, pero que no lo fue tanto en su época.)

    Más que satisfechos con la experiencia vivida, emprendimos el descenso, con la íntima sensación de pertenecer al pequeño grupo de privilegiados que han podido estar allí arriba.

    (Extractado del libro "Obelisco, ícono de Buenos Aires", 2012 My Special Book)
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