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  • EL REGALO DE CUMPLEAÑOS
    ¿Dónde aprendemos a ser quienes somos?
    En casa y en la escuela.
    Recuerdo que tenia unos seis años. Vivíamos en un barrio del suburbano bonaerense.
    Han pasado ya mas de 50 años. En aquella época era una zona que apenas comenzaba
    a urbanizarse. Las calles eran de tierra y las veredas, donde las había, eran de ladrillos
    puestos tipo rompecabezas. Aun tengo muy claro este recuerdo que le voy a contar y que
    me marcó por el resto de mi vida".
    "Yo concurría a una escuela del estado. Recuerdo ese día, recuerdo muy bien ese día
    por dos hechos aparentemente desconectados entre sí pero, como ya verá, la vida los
    conectó misteriosamente: Primer hecho, llovía torrencialmente, y segundo hecho, era el
    cumpleaños de mi papa. !Léase bien, el cumpleaños de mi papá! La persona más
    importante en mi vida. Le pedí a la maestra que me ayudara a confeccionar un regalo
    para él porque no tenía dinero para comprarle nada, pero yo quería regalarle algo. Me
    comprendió y me dio una hoja de cartulina, polvo brillante plateado y engrudo, lápices de
    colores y algunas figuritas que encontró en un cajón. Puse en marcha mi creatividad y
    diseñé el más grandioso y expresivo cartel, con ínfulas de collage, que un niño que
    ama a su padre podría hacer para expresar sus sentimientos".
    "Una vez terminado, mi impaciencia era tal, que la maestra me dejó salir antes de hora.
    Me ayudó a poner mi obra de arte en mi maletica de cuero y me despachó. Corrí por esas
    veredas de ladrillos llenas de charcos, pasto crecido y barro, rogando que mi padre
    estuviera en casa. En aquella época él trabajaba escribiendo a máquina extraños y
    larguísimos documentos (creo que contratos o escrituras). Cuando hacía eso se
    encerraba en un pequeño desván transformado en oficina, al final de una empinada
    escalera, y se la pasaba días dale que te dale, con su vieja máquina de escribir
    Remington. Desde luego, me tenía prohibido entrar porque había papeles diseminados
    en las sillas, en el piso, por todos lados.
    Cuando llegué a casa mi corazón latía vertiginosamente por la carrera y la ansiedad.
    Cuando escuché el tabletear de su ruidosa máquina de escribir mi alegría era
    desbordante. !Papá está en casa! Saqué mi pequeña obra de amor de la cartera, subí las
    escaleras como una tromba, abrí la puerta del desván venido a oficina y sosteniendo mi
    regalo entré gritando: "¡Feliz cumpleaños, Papá! Mi padre dio vuelta su cabeza
    sonriendo, pero inmediatamente su cara se transformó con un rictus de disgusto y
    desaprobación, se levantó violentamente de su silla, se acercó a mí y, sin decir palabra,
    me dio el cachetazo más grande que haya recibido en mi vida. Yo no entendía nada
    hasta que seguí su mirada con la mía y supe lo que había pasado, Vi mis pequeñas
    zapatillas azules y blancas embarradas y mojadas pisando varios de sus papeles escritos
    a máquina".
    "Y allí estaba yo, aterrorizado y confundido, desesperado y humillado, con mi maldito
    regalo aún aferrado en mis manos, sin saber qué hacer. En ese momento tome una
    decisión que me acompañaría durante muchos años de mi vida; una decisión que tomé en
    ese momento, en un instante y para siempre. Decidí que nunca más, pero nunca más, les
    expresaría mi amor a las personas que más quería porque ¡Uy, como duele! Luego, con
    el tiempo, me olvidé que la había tomado, y luego me olvidé que lo había olvidado.
    Cuando uno se olvida que se olvidó no hay modo de recordar lo que uno decidió alguna
    vez y entonces se sigue haciendo a sí mismo cosas que no sabe que se las está
    haciendo: "A partir de ese día caminé siempre con mis manos en el bolsillo, silbando bajito, y a
    una distancia prudencial de la gente para poder esquivar un posible cachetazo.

    Nunca más me atreví a mostrarle mi desbordante amor a nadie que fuera importante para mí,
    porque, ¡Uy, como duele! Me mostraba displicente, distante, frío por fuera, mientras era
    un volcán melancólico por dentro"
    "¿Sabe cuántas cosas tenía que hacer una persona para que yo me acercara a ella y
    confiara? ¿Sabe cuántas cosas tenía que hacer una persona para que yo creyera que me
    quería y me abriera al amor?
    Mire, probablemente 140 cosas. ¿Sabe cuántas cosas tenía que hacer esa misma
    persona para que yo inmediatamente me alejara de ella? Si, lo supone bien, una sola. Es
    muy difícil comprometerse con el amor y demostrarlo cuando ¡Uy, como duele!"
    "Creo que así es como aprendí a creer que yo no era merecedor del amor. Soñé durante
    mucho tiempo con el amor, pero no lo practiqué más. Y el amor es igual que aprender a
    cantar, a pintar, o tocar un instrumento, si no practica todos los días, siempre será un
    improvisado. Mucha gente cree que no la quiero, pero no sabe que yo no podría vivir sin
    ellos. Uno de estos días voy a conseguirme una cartulina, brillantina plateada, engrudo y
    unas figuritas y voy a hacer un gran collage que diga "TE QUIERO MUCHO", y lo voy a
    colgar en el balcón de mi casa. Creo que hoy me duele más no demostrarlo"
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