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  • Me cuestas. Lo sabes. Soy yo quien paga el necio precio de volverte a ver. Para mí, eres adictivo. Eres adquirido, pero no necesario. Y he puesto fijación en esto último, en el hecho de que "no eres necesario". Llovía cuando estabas y sigue lloviendo ahora que ya no estás. Descubrí que la diferencia la hago yo: que todo está en la mente. Pero la mente engaña; estas presente en todos lados, visible en ninguno. Te veo donde no estas y en lugares que no solíamos frecuentar. Me paro frente a esta yuxtaposición todos los días desde que te conocí. Y aún así, me sigues fascinando.

    Sin embargo, esos días terminaron. Hoy, hoy comienza el día cero. El día en que poco a poco te abandono sin que tú me abandones. El día en que mi cuerpo deje de temblar al sonido de tu voz y el día en el que mi corazón no acelere su palpitar a tu presencia. Olvídame. Yo te recordaré. Hoy: día cero. Mañana: quién sabe

    Vuelvo a la razón, o más bien ella vuelve a mí: "¿a quién tratas de engañar?"
    Me asecha, me persigue y me mata.

    Tú. En mí y para mí.
    Tú. Por siempre.
    Eres Indeleble.

    (como una mancha en la pared)
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