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  • La primera vez que escuché la palabra New Orleans fue en la voz del jefe ánimal Eric Burdon. Allá en el lejano Tapachula de antes de la llegada del hombre a la luna. No había televisión y la radio ocupaba el cuadrante de nuestras vidas." There is a House in New Orleans, they call The Raising Sun", decía la letra que luego la tradujo uno de los broders Elorza. Ah cabrón, era un lugar que todo chamaco despuntando en la pubertad págaría por conocer y mas si era nativo del calenturiento Soconusco. Luego vino la piernuda Tina Turner con Proud Mary y, en su estilo super cachondón, sacaba a relucir en la radiodifusora a esa ciudad con aureola de pecado. Los niños tapachultecos no querían ir a Disneylandia, Nueva Orleans era el depósito gringo de nuestras inquietudes.
    Cuiando ya estábamos peluditos, al principio de los 70, descubrimos que en Malacatán, Guatemala, había un bule llamado el Sol Naciente y cruzamos un par de veces la frontera para disfrutar de sus calores. Era un lugar con estilo que regenteaba una madrota conocida como la Madre Buda. La Madre, así le decían la pirujas, era una gorda chaparrita que se vestía como hombre, de pantalones con bolsillos y guayabera fina de manga larga , botines blancos y corte de pelo de señor. Nunca supimos si era hembra o barraco, pues tenía espalda y brazos de cargador, algo de bigote, pero tenía chichis grandes y hablaba con acento oriental. En el pecho lucía una flor de loto, enorme, de oro. Y su antro, con pista de baile al centro, estaba ambientado con figuras de peces y mariposas. Las chicas eran de todo Centroamérica que iban de paso hacia los Estados Unidos. Hondureñas morenas de ojos verdes, gueras colochas del Salvador, morochas azabache de Nicaragua, cambujitas de Guatemala. Los clientes eran selectos, principalmente mexicanos.
    El Sol Naciente era nuestro pedazo de Nueva Orleans en Centroamérica. La atmósfera relajada del Soconusco, en noches de fin de semana, no estaba muy lejos del climax de la película de Piter Fonda y Denis Hooper: Easy Rider. Yo tenía mi marchanta que era Martha la Tigra, le decían así porque le gustaba la ropa con estampa de piel de tigre y porque ronroneaba cuando trabajaba. Tenía como 17 años pero con mañas de mujer mayor y escuchaba a los Creedence. Aunque yo era de su edad me trataba como chamaquito y me consentía porque le gustaba lo mexicano. Ella era de Verapaz, Guatemala y decía que la Buda Madre la quería como una hija pues, la Tigra, que tenía un ojo claro más claro que el otro, le daba a la madrota masajes para la ciática.
    Hasta hoy no he visitado Nueva Orleans, pero la conozco por las películas. Sus casas de barriada, de madera, coloridas, se parecen a las de Tuxtla Chico. Y sé de su Mardi Gras, el carnaval más mentoteado de los Estados Unidos, manpón, sincrético, alegre, me recuerda al de Tapachula. Tiene el espíritu del agua, como Chiapa de Corzo , a la orilla de un gran río, y sus barcos de vapor y su blues y el jazz. New Orleans transpira una mezcla de semillas de vudú, mosto francés, bayou y aroma de lam lam; una melcocha que tambíen sudan - en dosis menores - pueblos exóticos de la costa de Chiapas como Huixtla o Acapetahua.
    Además me cae bien el equipo de los Santos, los seguí la temporada que se llevaron el super tazón. Le aposté a éllos y me gané una botella de Jack Daniels.
    De toda la vieja banda el único que ha vendido su alma por allá fue el Nacho Cintalapaneco. Regresó presumiendo que se había aventado un billarito con chicas gueras y prietas que te retaban, pero sólo cubiertas por diminutos chores. Que en un barcito de puros negros había escuchado cantar a Koko Taylor. Y en la madrugada, en un lupanar estilo Luis Xv se habia recetado un dos por uno de ebony and ivory con Blanca Nieves y un billete de cien dolares. Y tambien se pegó a un tour para ver como se abría y se cerraba la techumbre del estadio de futbol americano de los Santos.
    Tal vez por eso me dolio más de la cuenta la desgracia del huracán katrina. Una megatormenta con el nombre de la calavera más venerada de la iconografía moderna de México. Ahí sí vi como la naturaleza no tiene piedad ni con el gigante más poderoso del planeta. Parecía una inundación en Bangla Desh. Ni en Tabasco, que ha sufrido verdaderos aguajales, se apreciaba tan desmadrado, abandonado, desorganizado, con sus muertos de desidía en las calles, como nos llegaban las imágenes en la tele gabacha. Mientras más grande la concentracion humana más grande el ramalazo. Ahí tambien vi que en los Estados Unidos hay gente muy pobre y mucha ignorancia.
    Tambien la tele entrevistó a unos inmigrantes que iban caminando en la carretera a buscar trabajo en las labores de reconstrución, uno de ellos era chiapaneco.
    "Oh, mother tell the children, not to do what i been done.."A la Tigra me la encontré hace como 20 años en el mercado de Tapachula, estaba hablando por teléfono en una caseta. La reconocí por los pantalones estampados en amarillo y negro. Lucía lo suyo, todavía, pero con la vejez prematura del vicio sostenido. Me platicó que el Sol Naciente ya no existía, que la Buda Madre se había muerto de un coraje enconado, cuando un kaibil impune mató a su marida para robarle unos aretes. Y que el antro de jalón en la frontera era La Embajada, pero que ella ya estaba muy guanga para trabajar ahí, por eso taloneaba en el parque Miguel Hidalgo y en Puerto Madero.
    Hace poco unos primos me estaban invitando a Las Vegas. Pero ni madres. Si fuera a Nueva Orleans no lo pienso dos veces. "Rollin...rollin on the river.."
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