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  • La comunidad está un poco triste y por eso llevamos aquí a la alegría. Ya nos echamos dos días cargándola, pero si agarrábamos transporte no iba alcanzar para pagarla, pero valió la pena, Aquí en Buenos Aires estamos como a legua y media de San Vicente, segunda sección. La llevamos así, con mecapal, porque allá arriba no llegan vehículos, son dos horas a pincel desde la carretera más cercana, pura sierra, pura subida.

    Sí, somos dos nomás, don Manuelito y yo, que me llamo Arnulfo. Él la sabe tocar, estuvo con un grupo de la colonia Revolución Agraria, cerca de Siltepec. Yo sólo soy representante y cargador, la paga del costo la pusimos tres familias que nos tocó este año la fiesta de la virgen de la Asunción , allá tiene una su capilla. Esta marimbita es sencilla, como las que se tocan aquí en la Sierra y en Guatemala, no es de doble tecla, de lujo como las de Villaflores. Salen más caras, dice don Manuelito que son iguales que el piano, puedes tocar clarito el himno nacional, con esta también, más o menos, pero lo que interesa es que alegre la reunión y den ganas de bailar. La mercamos en Amatenango de las Frontera, ahí las hacen, de puro cedro, en la colonia Vicente Guerrero, desde allá la bajamos cargando, por veredas, por la carretera, por donde se puede, un rato yo, otro rato don Manuel. La primer noche la pasamos en una casa de huéspedes de Comalapa y de ahí subimos por el camino viejo del río hasta Mazapa de Madero a donde vive un señor que era nuestro vecino. Hoy salimos a las cuatro de la mañana y sí, estuvo duro por la subidona hasta aquí, a Buenos Aires, pero somos hombres de pie, estamos acostumbrados a doblar los cerros.
    Un rato carga uno el teclado y el otro acarrea las cajas de resonancia que, como son huecas, no pesan mucho. Nos la llevamos mita y mita, depende si es bajada o subida, si hay lodo o hay que brincar alguna cerca o alambrada. Venimos descalzos porque así no hay peligro que resbalemos. Acuñamos más el paso, los dedos ayudan con el agarre . Sería la desgracia que nuestra marimbita se maltratara y se descuadrara con alguna piedra, una rama y pierda su música o el afinado. Llevamos más delicado el camino, no es cualquier carga, no es leña, ni bulto, es cosa fina, hay que plantar bien el pie, nivelar el peso sobre la espalda y el tirón de la frente y la nuca, que es donde se acomoda el dolor. El mecapal es nuevo, de doble tejido, con cincha de cuero de piel de venado. Pero si te empinas mucho, se te cae la marimba por delante y si eso pasa mejor nos huimos para Huixtla o Tapachula, ni modo que regresemos a San Vicente con la verguenza y el encargo hecho pedazos.
    El puente hamaca del río que baja del viejo Cuilco lo cruzamos con la marimbita acostada, pepenando cada quien de un lado, como viga, así parada no pasaba entre los cables, estaban angostas las tablitas y se hamaqueaba mucho el paso. Orita estuvo duro porque después de Motozintla ya está bien parado el cerro, empinado, llovió un poquito anoche y la tierra roja es pegajosa en el suelo pero en la piedra es puro jabón. El que va atrás debe ir al tiro, por si da un mal paso el de adelante, lo ataja. No es peligroso para uno pero la carga debe llegar nueva. Cómo cree usted que la podamos llevar en mulas. No, el animal es fuerte pero no tiene tiento, donde se amarra para subir empuja la tirada y no le importa que el cargamento pegue en una ramazón o en las piedras, las bestias siguen su trilla, les vale lo que acarrean.

    Allá arriba, donde vivimos no hay luz, no hay clínica, no hay escuela. Los niños bajan a estudiar a El Porvenir. Mi hermanito sale a las cinco para estar en la secundaria a las siete. Y con eso de que cambian el horario en el verano, los chamacos se tienen que levantar a las cuatro que en la hora de Dios son las tres y ahí salen caminando en plena oscuridad, entre la ñeblina o el norte. Hasta los chiquitos de la primaria y las niñas, que se acompañan con los mayores, se van ayudando con sus afocadores, hay pasos feos, hay animales. Lo único bueno es que es bajada y llegan más rápido. Nuestra comunidad ha estado luchando para que se nos acerque un camino. Ya fuimos al municipio, a Motozintla, a Tapachula, el representante fue hasta Tuxtla y sí, nos dicen que sí, pero no, no hay compromiso por lo pronto.

    En la comunidad sembramos la papa, la hortaliza, un poquito de maíz y bajamos a trabajar de peón en la fincas cafetaleras de Siltepec y Huixtla. Hace un mes terminamos la capillita de la virgen y como somos muy alegres llevamos la marimbita para el baile del mero 15 de agosto. El año pasado también hicimos gran fiesta y contratamos un tecladista de aquí de Motozintla. El señor músico subió en mula y sus aparatos los cargamos con mecapal, entre tres nos trepamos las dos bocinas y el teclado. La otra vez quisimos llevar un conjunto, los de la orquesta Flor de café, pero no quisieron jalar todos los del grupo, ya eran señores grandes, un montón de aparatos y hasta luces de colores y les íbamos a pagar bien, pero no querían quedarse a dormir allá y ni modo que los bajáramos en la madrugada.

    Con esta marimba vamos a amenizar todas nuestras fiestas, bodas, cumpleaños, el baile de la virgen de la Asunción no se diga. Y don Manuelito les va a enseñar algo de marimbeada a los niños y a los grandes que la quieran aprender a tocar. Y todos los domingos por las tardes la vamos a sacar a la cancha de básket para que nos alegremos nosotros y los vecinos que nos visiten, si no podemos bajar a dominguear a Moto o al Porvenir allá arriba haremos nuestra propia paseadera aunque sea entre las puras nubes.
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