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  • Es un caso raro, la última juglar de Chiapas, una mujer que dice las historias de su pueblo cantando, a capela, con sentimiento. La conocimos en la Casa de la Cultura de Tapìlula. Fuimos a grabar un programa de la serie Chiapas Nuestro a ese municipio de la Sierra Norte. "Vengan a atender a doña Francisca - nos pidió Claudia Morales, la encargada, cuando preparábamos unas entrevistas con tejedores de mimbre-. Por favor denle un espacio ahorita porque la señora es grande y tiene muchos mandados que hacer, ya se quiere ir". ¿Y qué hace doña Francisca? "Nos va a cantar a su modo las historias de Tapilula".

    Y ahí estaba con su cabello trenzado, su rebozo, la mirada clara, la frente en alto, bien parada doña Francisca.

    Con una voz fuerte, profunda, como platicado, como cantado, sin métrica, sin rima, de humilde sintaxis, al puro recuerdo, a veces brincando de un tema a otro, improvisando al hilo, llorando al recordar que era huerfana de padre y que se mamá se fajó para sacarla adelante, doña Francisca Benjamina interpretó su versión de los tiempos "que se borraron" de Tapilula.




    Y se me provocaron imágenes de la selva que gobernaba esas montañas y la pobreza de los primeros pobladores. Y miré la iglesia antigua de San Bernardo y la presidencia municipal que estaba en una lomita de tierra amarilla. Y el arrollo de agua limpia que cruzaba a media plaza. Como las páginas de un libro ancestral que se deshoja, como un ayer al parecer perdido.




    Escucho a doña Francisca Benjamina y recuerdo a los cantores de Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid Campeador de mis tareas de primaria. A los juglares que al acorde de un laúd revivían lo más sobresaliente de la vida cotidiana y también lo extraordinario. Trovadores trashumantes llevando con su ronco pecho chismes y hazañas a un público ávido de noticias cercanas y lejanas, antes de la invención de la imprenta y de los periódicos.

    Y todos esos oficios ya perdidos o en vías de extinción, en donde la voz y la memoria eran los instrumentos principales de trabajo. El quehacer de la Invitadora, hoy desaparecido, es un ejemplo. Yo conocí a la última invitadora de Chiapa de Corzo. Una ancianita que recorría las calles de la ciudad invitando, casa por casa, puerta por puerta, a los rezos, novenarios y salutaciones que se realizaban en los diferentes barrios. En el portón de la casa de mi abuelita Lucinda pasaba anunciando con voz fuerte y clara: " Que dice doña fulanita que los espera el sábado en la iglesia de san Jacinto a las 10 de la mañana para la misa de los 40 días de su difunto marido don mengano de tal, que por favor los espera". Le pagaban cualquier miseria pero muchos vecinos la agasajaban con café, posol, pan o su taquito. Se murió la invitadora y despareció para siempre tan noble trabajo. Me da coraje que no me acuerde de su nombre.

    En esta Edad del Apple, Era del Microchip, el mismo camino llevan los voceadores los gritones, los pregoneros que deambulan bajo el sol por las banquetas y esquinas ofreciendo a grito pelado productos y servicios. Élite de anunciantes de todo, vendedores a golpe de calceta, chamberos de 7 oficios y 40 necesidades, - muchas veces las tres cosas a la vez - del pópulo callejero, incluyendo a los merolicos de feria y megafoneros con aparatos de sonido, que aún forman parte del paisaje urbano de nuestros pueblos rurales. Antes era cotidiano escucharlos, hoy se transforman día a día en fantasmas de otras eras.

    Doña Francisca Benjamina de Tapilula es la última sobreviviente de su clase. Juglar, juglaresa, trovadora o cantora de historias.

    Soy vestida de la raza

    no me corto mi cabello

    no me quito mi rebozo

    porque así me lo enseñaba

    mi mamá.




    Además de cantar sus historias en donde la invitan, doña Francisca Benjamina, de 69 años cuando la conocí, se dedica a vender chocolate, pan y a criar cochi. También hace bolas de pulpa de tamarindo y es la guía de las oraciones que se elevan en las vísperas del día de los Santos de los barrios y en los rezos por el descanso de las almas de los difuntos.




    Yo cargué piedra para la presidencia

    porque mi calle era montaña

    en el camino que andaba

    eran puros espinales

    y con machete chaporreaba.




    A las pobres mujeres

    sus hombres las chicoteaban

    para que se levantaran

    y batieran su posol.




    Doña Francisca nos platica que fueron lo señores Abundio González y Rafael Morales quienes le enseñaron a cantar historias. Asegura que algunos capítulos se los dieron en manuscritos, pero por más que le rogamos no quiso enseñarlos. "Están muy maltratadas las hojas- dijo - si las saco, se van a deshacer los cuadernos".

    Platicó que a sus hijos no les gusta que ella cante, que les da vergüenza, porque piensan que la gente se burla y murmuran que está loca. ¿Qué va a pasar con sus escritos y sus historias cuando usted falte? "Antes de morirme les voy a pegar lumbre, las voy a quemar todas, capaz que se ríen de mí, cuando ya no pueda defenderme" Y lo asegura sonriendo, como burlándose, porque tiene un tesoro muy suyo que se va a llevar al otro lado y al olvido.




    Escúchenme hermanos mios

    si nadie me puede ver

    por que yo no soy de nada

    soy un pobre aire

    que pasó por Tapilula







    Antes de seguir nuestro viaje, recuerdo que doña Francisca nos despide con un rezo y nos envuelve en el humo del incienso del palo de copal y le pide a San Bernardo que nos proteja de los hoyos del camino y que el equipo que usamos no falle en el trabajo, y que el trago no nos haga hacer locuras. Y yo me despido prometiéndole que regresaré con alguien del medio para grabar un disco con sus cantos, pero ella sabe en el fondo que soy un mentiroso involuntario y yo lo sé también. Pero saqué su imagen y un pedacito de sus historias en el programa de la tele, Chiapas Nuestro, como el momento estelar de mi visita a Tapilula y escribo estas palabras como un humilde homenaje a su persona y a su oficio.




    Tengo la frente levantada

    como la calle empedrada

    que la gente caminaba

    ahora es de cemento

    donde ponen sus tacón dorado

    y yo sigo siendo la misma.

    Pobrecito de mi pueblo

    ya pronto lo dejaré

    pero que vivan mis hermanos

    y los que están escuchando




    ¡Y que viva Tapilula

    en lengua el águila real

    porque Tapilula no se raja

    aunque se ponga oscuro.¡


    Si desean contactarme estoy en facebook como David Díaz Gómez mi e mail es diazbullard@hotmail.com
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