Forgot your password?

We just sent you an email, containing instructions for how to reset your password.

Sign in

  • Cruce a la isla en un lanchón enorme como esos que ensamblan en los diques del río Usumacinta. El transporte venía cargado con costales de cacao seco, oloroso, flores de la Sierra y manojos de agujas de pino para los teatros e iglesias. Las aguas del Hudson eran verde botella y se podían contemplar los cardúmenes de mojarras tenguayacas. Miré un par de cocodrilos y tortugas pegadas en los atracaderos de los buques. La gran urbe era una mezcla hermosa de Babilonia y Ciudad Gótica. Amanecía Manhatan pintando de oro sus ventanas panorámicas. En la larga y estrecha lancha, techada de palma coyolera, viajaban pasajeros amontonados sobre cajas de galletas de animalitos y racimos de hojas del árbol de pan. Muy bien vestidos, estoicos, los neoyorkinos leían los periódicos o atendían sus celulares futuristas, sin importales las nubes de zancudos que, zumbando, asolaban la marisma.
    Ya en tierra firme noté que los taxis no eran amarillos sino blancos con franja verde, iguales a los de Chiapa de Corzo. Muchas limusinas eran conducidas por mashes y negros falsos del carnaval de Chenalhó -esos que se pintan la negritud con carbón de ocote - traían sus iguanas huehuechudas asoleándose en los capacetes y copetes de los autos. La necesidad es tan canija, que nuestros tradicionalistas más arraigados vienen a rebotar de braceros a la Gran Manzana, reflexioné.
    Miles de peatones caminan por el fondo de encañonados y desfiladeros salvajes de plástico, crístales y acero. Seres humanos de todos colores y sabores, hasta Venusinos, de la Luna Europa y Urantia. Los edificios se clavan en las nubes. Sobrecogen las terrazas y vivarios con majestuosas ceibas, jardines selváticos de helechos y espadañas. Enormes pterodáctilos publicitarios planean entre la niebla; en sus alas electrónicas se pueden leer las últimas noticias y las fluctuaciones de la Bolsa de Valores.
    Abajo están los predicadores que hablan en lenguas desconocidas y gitanas lectoras de la suerte y de la muerte. Muchos indios Lenapes - primos de los aztecas - semidesnudos y tatuados, piden limosna en las salidas del subway o limpian parabrisas en los semáforos.
    En la esquina de Lexington y la 58 encuentro a mi madre vestida como la Catrina de Posada. "Fui de compras a una tienda de alta costura - dice - estaban de oferta estas sandalias de la linea Frida Khalo, ¿qué te parecen?". Me enseña sus hermosos pies: pero está descalza. "Toma estos dólares y mércate un buen traje- ordena - el que traes está muy chirrio, acuérdate que hoy son las elecciones". Es cierto, tengo un evento que cubrir pero no recuerdo cuál, ni dónde. Tampoco traigo mi cámara.
    Como la inquietud me da hambre, entro a una tienda en busca de algo ligero que tragar. Para mi sorpresa me topo con vitrinas repletas de chimbos de huevo, nuegados de melcocha y suspiros de camote. Presentados en industriales paquetitos de cartón y celofán, registrados como marca exclusiva de la trasnacional Strawberry Fields Forever. Las máquinas de refrescos despachan cuatro o cinco tipos de posol en lata: ligth, con taurina, latte, enchilado y el clásico con cacao, la etiqueta dice Posol Cola, Trademark Corporation 7 Hermanas.
    Por la ventana de la tienda veo a un chaparrito Wody Allen que pasa corriendo, perseguido por un monton de esquizofrénicos. Uno de sus fotógrafos carga mi cámara, ¿ para qué la quiere ? es una camarita del siglo xx, de tubos, descontinuada, de cinta de video gruesa como listón de fiesta, éllos tienen equipos que nada más le hace falta hablar al ojo, pura tecnología de cacho. ¿Qué chingaos pasa?
    Estoy muy confundido y preocupado. Y ya de plano me entra el desasosiego cuando del fondo de una avenida, rodeada de rascacielos, tan altos como el cañón del Sumidero, se aproxima una procesión de Parachicos. Lucen foquitos navideños en sus máscaras de palo. Lloran y traen en andas al señor San Sebastián, que resulta ser el presidente de los Estados Unidos. Luce dos flechas clavadas en el pecho y una más, mortal, atravesada en el brazo izquierdo. Atrás viene otro grupo de ensabanados con capuchas picudas. Son la corte de la señora su majestad doña María de Angulo. El papel de la dama es interpretado por el famoso trasvesti de clóset Donalda Trompa, ese que maneja un puesto de baratijas millonarias en la Quinta avenida. Más que chula, grotesca, con un pelucón meco de barbas de elote que le llega hasta la cintura. Viene arrojando doblones de oro a los espectadores, que se avientan al piso como cochis, a pelear el achigual, empujando y desgarrando a sus compas acumuladores con las uñas pintadas de tono sangre de país plebeyo.
    Invadido por el terror y la confusión total salgo corriendo, anonadado. " Agarren al malandrín ladrón, -gritan en gabacho los presentes- se está robando las palabras de su pueblo sin ningún beneficio".
    " Qué se calle el mudo,- vociferan- está aprendiendo a tartamudear el tartajo con lengua cibernética".
    Dos mujeres policías, atléticas, prietas y fundillonas, vestidas con minifaldas y picanas eléctricas me persiguen con perros que le salen chispas por los ojos. "Detengan a ese tigre pinto", exclama la multitud, "anda dejando sus manchas inquietas en donde nadie lo invita, el regalado".
    Sigo corriendo, demente, ya sin pantalones, entrusado. De un brinco chamánico salgo de la Gran Manzana y aterrizo en la noche de la ribera de Nucatilí, poblada de naguales y sirenas .
    Y de otro salto, con todas mis fuerzas, me levanto de la cama, empujando a mi mujer que sólo alcanza a balbucear "qué pasó, qué pasó". Salgo al patio, casi tirando la televisión prendida, agarro mi maraca contra los malos espíritus, chin, chin, chin, veo al cielo y arriba está mi luna y muy cerca los palitos de papaya que sembré en semana santa y mis dos gatos me observan alarmados en la sombra, con sus ojos de anillos de luz fosforecente." Vente a acostar - me dice la sabia que tengo por esposa - siempre que te duermes con la televisión prendida te dan sueños raros ".
    Antes de apagar la tele alcanzo a medio escuchar el slogan de una marca de jabón que más o menos dice: " Detergente Esperanza, arranca desde adentro la globalización del cochambre, un amanecer contra la pesadilla de la mugre ".Clik.
    • Share

    Connected stories:

About

Collections let you gather your favorite stories into shareable groups.

To collect stories, please become a Citizen.

    Copy and paste this embed code into your web page:

    px wide
    px tall
    Send this story to a friend:
    Would you like to send another?

      To retell stories, please .

        Sprouting stories lets you respond with a story of your own — like telling stories ’round a campfire.

        To sprout stories, please .

            Better browser, please.

            To view Cowbird, please use the latest version of Chrome, Safari, Firefox, Opera, or Internet Explorer.