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Pensando en agosto by Lili Nealon
 

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  • 29 de agosto 2015


    Es tarde. Estoy cansada. Pero no quiero olvidarme de lo que la luna le dijo a Luna..

    En el jacuzzi, una amiga me hable de cosas suyas. Le cuento que tengo una consigna de escuchar a la luna que me va a aportar su definición del amor. “Tonterías”, habrá pensado ella! Trato de no escucharla, le digo que si con la cabeza, o con algún “Ah, mirá vos”.

    Es una noche tibia de verano. Un verano que no se quiere despedir de mi. Un verano celoso por el otro verano que me viene, el del sur. Un verano que se prende a mi ropa, con sus aromas de rosas tardías, de madreselvas que caprichosas siguen en flor y de la albahaca sagrada de Traslasierra. Un verano que lucha contra las noches frescas de Boulder, infectadas por el aire de allá arriba, el de Las Rocky Mountains. Estas montañas con sus alrededores me embriagan, me marean, me drogan.

    Debe ser el “Colorado Rocky Mountain High” de John Denver.

    El cantor dice que ese high lo a hecho ver “llover fuego en el cielo y allá arriba en las montañas las sombras de las estrellas son mas dulces que una canción de cuna.” Canta de un chico que viaja por todos lados, buscando “algo” y que trata de tocar el sol con sus manos, que perdió amigos pero nunca los olvidó. Y ahora, finalmente, se encuentra en estas increíbles montañas, vagando, o divagando , caminando en silenciosa soledad, el bosque, el arroyo, buscando un acto de gracia, su mirada vuelta hacia adentro, para tratar de comprender la serenidad de un lago de montaña. “Hubiera sido un hombre mucho mas pobre de no haber visto volar al águila”. Esa canción siempre me gustó, mucho antes de mudarme a Colorado. Denver murió joven cuando cayó del cielo con un avión experimental que piloteaba. Me gusta pensar que vió a esa águila en rumbo a su muerte.

    Así como esa canción lo cuenta, me siento atraída por las montañas como si tuvieran un imán enorme que mi alma no puede resistir. Y cuando la luna llena se les une producen la música mas hermosa del mundo. Yo, que soy alma de mar. Yo, que en mis sueños siento el aroma del agua salada y escucho volar las gaviotas sobre mi techo; yo, que extraño tanto nadar desnuda, mi piel rozando algas que me acarician. Y aun asi, me doy cuenta que solo las montañas me transforman, me alimentan, me reviven.

    Pero divago aunque es lo que pienso mientras alabo y le hablo a la luna llena de agosto, le converso y le pido que me pase el prometido mensaje. El que quedó pendiente con la luna azul del mes pasado. El que quedó pendiente porque en aquella noche de julio no pude decir el segundo “si” — la invitación de ir hacia las queridas montañas para ver la luna azul. “No te quiero describir como lo suelo hacer, o como lo hacen todos”, le digo a la luna. Veo muy claro sus valles y sus montaña que brillan como La Perla de Steinbeck.

    Normalmente, camera en mano, enfoco en ella, en su cara, y saco fotos. Esta noche está clara como la primera noche en el paraíso, Eva agarrada fuerte de la mano de Adán, con el miedo de la primera experiencia. Esta noche la veo así, buscando al compañero. Esta noche es luna llena nueva: llena de promesas, llena de expectativas, llena de mensajes.

    “Te veo claramente” le digo una y otra vez, “pero no me llega tu palabra”. “No te enfoques en mi”, me responde.

    Me doy cuenta que esta noche la luna esta rodeada de un arco perlaceo. “El arco de un ancho muchas veces mas ancho que tu circumferencia”, le digo a la luna. “Y entonces, que?”

    Observo con intensidad ese arco halo que te rodea y no te suelta. Como si hubiera sido una noche nublada pero es una noche clara , las estrellas dejando su timidez a un lado, saliendo a jugar a pesar de tu poderosa luz que se esmera en esconderlas.

    Por que ese aro? me pregunto una y otra vez. Le comento a mi amiga que no llega a entender nada. Por que ese aro? A veces pareciera un arco iris y a veces se ve solo una luz blanca que a pesar de su blancura es una luz sumamente cálida, acogedora.

    I GOT IT! le grito a mi vecina. YA LO SE!

    La luna con su arohalo es el amor que busco. La luna en su extraordinaria plenitud. En su mejor momento. Orgullosa, llena de alegría, energía, brillando como el diamante Hope que quiere decir esperanza. La luna esta noche no puede estar mas linda en su naturalidad. La luna es ella misma sin reparos, sin vergüenzas, sin timidez, sin dudas, sin miedos. Esplendorosa. Perfecta. Completa: todo lo que quiso ser mientras se preparó durante treinta días para volver a verme.

    El arohalo? La sostiene. La alienta. La ama. La rodea para protegerla. Inmuto. Sin decir una palabra. Sin tratar de lucirse mas que ella. El aro la deja SER. Sin el, ella es menos que el todo, el es la nada, y sin ella, no existiria.

    “Busca ese tipo de amor”, me dice. Un amor que me sostenga y que me cuide. Que este a mi lado sin que yo me de cuenta. Que me proteja. Que sienta orgullo de mi brillo y que no le importe salirse de mi camino cuando no brillo o cuando quiero divagar. Un amor que a pesar del infinito que nos rodea, nunca se aleja de mi. Un amor que de lejos esta cerca.

    Ya es tarde. Se me cierran los ojos y me llama el sueño. La luna sigue afuera. Yo acá adentro todavía siento la luz protectora de esa pareja de enamorados.

    Esta mañana, a las cinco, Luna me despierta con su luz. El arohalo invisible, pero siempre a su lado.

    La verdad, Luna, es que estabas mucho mas linda anoche, acompañada por tu arohalo.
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