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  • Los tatuajes están de moda. Bueno, llevan tiempo ya. Yo los descubrí viendo la serie Miami Ink cuando compartía piso con mi amiga Silvia, ahora más bien conocida como "Remer", porque se ha aficionado al remo y entrena mucho y a este ritmo va a ir a las Olimpiadas y ganar una medalla muy pronto.

    El programa cuenta historias de personas que se tatúan por placer o en memoria de su madre, de un hermano, el amor de sus vidas... Hay de todo, y algunas historias emocionan mucho.

    Viendo Miami Ink. descubrí que la piel es el soporte más personal que tenemos para contar historias: Está la ropa, el pelo, las manos y al final, muy al final... la piel. Porque nuestra piel es nuestra y no hay otra igual y si la miras así es como un lienzo en blanco donde puedes pintar las memorias de tu vida.

    Hace poco en Brasil inventaron unos tatoos salvajes de pegatina, pero yo creo que no es lo mismo porque en la pegatina no hay dolor y el tatuaje y su dolor son como la catarsis de una historia que busca dar sentido: siempre hay un poco de emoción, libertad y algo de conflicto.

    El otro día pensé que a lo mejor las arrugas son como los tattoos y que vivir es un poco como beber coca-cola: tienes chispa hasta que te mueres y cuando te mueres es porque se te ha acabado la energía y no te queda ya, y por eso te apagas. Y no, no creo que vivamos más si bebemos mucha Coca-Cola.

    Las arrugas-tatoo no vienen de fuera, nos salen de muy dentro, pero también cuentan historias de verdad, de ésas que llevan nombre de persona y a veces te hacen llorar y de ésas que de tanto hacerte reír se acaban grabando a fuego en el surco de tus ojos.

    Y en la comisura de tus labios.
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