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  • (Prometo ser sintético),

    Thank you Belén,

    No por las clases de creatividad, los ladrillos, las historias o los pensamientos llenos de módicas causas potencialmente gigantes. Tampoco por haber despertado algo del ingenio que llevo dentro, -ocultado generalmente entre frivolidades y análisis rimbombantes sobre diferentes asuntos-, ni mucho menos por ser capaz de fijarme en la belleza de las pequeñas obras del ser humano durante mis viajes más recientes. Te doy un 'big thank you' -cada día me entran más ganas de ser British- por hacerme la GRAN pregunta: ¿Cuál es tu pasión?

    No pienso ponerme a criticar en estas líneas la banalidad con la que la población 'modelna' va vagando por el camino de la vida lleno de mentiras y falta de ambición. Paso de enfadarme. Prefiero comentarle a todos, -¡y todas!, ahora que el feminismo está tan de moda- cuál es mi verdadera pasión en la vida. Cada día me aburre más la gente que ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE habla sobre sí misma, lo guap@ que es -o lo fea, porque vaya tela con l@s catastrofistas-, o incluso lo buen@ que es para hacer ciertas cosas. El profesor Xavier Oliver, referente en mi sueño de parecerme a un pobre esclavo de los 'fish and chips' por su impecable acento británico- camufló entre algunas de sus directrices de Retórica la necesidad de dejar de ser egocéntrico para contar historias a la gente. Acostumbrado a escribir historias día sí día también, -en mi caso sobre un deporte de coches de colores cargado precisamente de mentiras y falta de ambición-, no suelo sufrir demasiado para hablar sobre otras personas u otros hechos.

    Pero ahora me toca ejercer el papel contrario, por mucho que de repente me vuelva tan 'bored' cuando escribo cosas sobre mí. Justo cuando procedo a continuar este sintético escrito aparece el señor ilustrado Juan Vidal y cuestiona abiertamente que una persona se conozca a sí misma íntegramente, según dictan las teorías del señor Carl Jung. No seré yo quien se plante unas gafas híbridas de vista y sol -como Juan- y salga a respaldar esta teoría, pero ya comentaba hace unas líneas que 'paso' de enfadarme con la gente. Y más aún con Johnny, que está casi igual de loco que yo. Vamos por partes, como decía Jack el Destripador y parafraseaba José Manuel Martínez, otro de mis referentes en la educación.

    Mi pasión en la vida es aprender. Aprender de mis virtudes, de mis fallos, de la gente -desde que existe Pablo Iglesias también está muy de moda esta palabra-, de mi familia, de mis actividades, de mis sueños, de mis fracasos y de cualquier cosa que hago en la vida. Para empezar, estas mismas líneas son reflejo de un constante proceso de aprendizaje que he acreditado durante toda mi vida, y es que ya me conozco lo suficiente para saber que estaba mintiendo cuando ponía en la introducción aquello de "trataré de ser sintético". Mentir con cosas así forma parte de mi aprendizaje, y por ende de mi pasión.

    Frivolidades aparte, siempre he defendido que no existe pasión más bonita que saber aprender de uno mismo para alcanzar ciertos objetivos. Consagrada como una virtud necesaria desde mi infancia, esta actitud tan característica ha permitido que tomara diferentes caminos en la vida hasta alcanzar un grado de felicidad inimaginable para los citados Oliver, Martínez e Iglesias. Y precisamente por mantener activo constantemente el botón de "Aprendizaje ON" soy capaz de discernir entre una historia totalmente infumable -¡incluso para mí!- como la última que subí a Cowbird, o un escrito breve que verdaderamente ponga de manifiesto mi innata capacidad de ser sintético.

    Así como el 'motor' de mi coche es el constante aprendizaje, el juego de neumáticos Pirelli con el que tengo el agarre suficiente en las curvas hasta ganar la carrera -es decir, mi facilidad natural; era inevitable no citar el símil de la Fórmula 1- es intentar buscar cualquier ápice de positividad interna -externamente nunca lo muestro, pues tiendo a caer en la falsa modestia y ocasionalmente en el catastrofismo- para que el motor reciba la gasolina suficiente y siga haciendo vueltas rápidas. Es decir, necesito contemplar algo de positividad en cada situación para aprender de mí mismo y conseguir ser feliz. Es una ardua tarea en numerosas ocasiones, pero lo cierto es que ningún alumno de Governance debería asumir responsabilidades sencillas en su vida, ya sea en el plano laboral o el personal. Y yo estoy comprometido con una causa y una carrera en la que creo firmemente, ¡faltaría mas!

    En ocasiones, cabe encontrar ese pequeño ápice de ¿optimismo? incluso en casos inevitables como la muerte. Una desaparición reciente me hizo pensar, reflexionar y aprender sobre qué valores eran adecuados para mantener la concentración en carrera y sacar el máximo partido a los Pirelli para saborear el champagne desde lo más alto del podio. Ahora que hablo de champagne, y relacionándolo con la faceta del ocio, tengo la suerte de saber quiénes son los ingenieros -veáse el símil de amigos- que me van a regañar cuándo no esté pilotando al límite y me ayuden a cambiar los ajustes del alerón para ir más rápido y cumplir mis sueños. Por tanto, tengo una facilidad natural para saber qué equipo tiene que rodearme para triunfar en las diferentes carreras que completan el Campeonato Mundial de la Vida.

    Necesito un buen mánager como mi padre para mantener la humildad y la profesionalidad; para saber cuándo viene la lluvia y tengo que cambiar los neumáticos, las órdenes de mi madre siempre son efectivas. Para saber cuándo cometo fallos en pista y debo cambiar mi estilo de pilotaje, nunca falla la intervención de Alfonso. Y para saborear la victoria como nunca, ahí están siempre Pablo y Patricia. En medio de una carrera, a veces se me ocurre cuestionar si mi estrategia es acertada; para ello, Luis y Juan se encargan de adoptar una arquitectura escéptica y ecléctica -eso de 'arquitectura' es un honor a ellos-. Aún y todo, no hay nadie en el mundo como Nicole para saber que la actitud ganadora siempre cuenta mucho más que el resultado plasmado sobre la clasificación. Las paradas en boxes son el momento crítico de una prueba, aunque siempre tengo mi hermano para apretar bien la tuerca y recordarme lo fuerte que tengo que empujar en el siguiente 'stint'.

    No voy a negar que es difícil conocer una mentalidad tan compleja como la mía a través de unas bromas plasmadas en Cowbird y algunas reflexiones adaptadas a la Fórmula 1. Pero mentiría si dijera que todo lo expuesto con anterioridad forma parte de cómo soy yo, de cómo describo mi pasión y qué facilidades me rodean para ser feliz -tenía que contar historias de otra gente, ¡me estaba hartando de contar la mía!-.

    De hecho, con aquello de 'ser feliz' me estoy adelantando a la siguiente pregunta, que en mi caso tiene generalmente una respuesta muy clara: sí, tengo una actitud positiva hacia mí mismo, pero no negaré que muchas veces camuflo mi actitud y miento abiertamente al intentar infravalorarme en muchas cosas. Internamente nunca lo hago, pero nunca entenderé por qué tiendo a adoptar esta actitud en público.

    Soy positivo por una simple premisa: la vida tiene suficientes problemas para no verlos como una oportunidad. Dentro de este enclave existencial, creo firmemente que una persona afín al aprendizaje como yo sería incompatible con su pensamiento si no intentara buscar el lado positivo de las cosas. La asignatura de Creatividad no ha servido para llenar muchas de las expectativas que yo había depositado sobre ella, pero aún y todo he conseguido aprender a fijarme en muchas cosas interesantes en mis viajes. A su vez, esta actitud ha sido clave para disfrutar más de los momentos con mi familia, ergo incrementar mi felicidad. Por lo tanto, y pese a la banalidad del caso -me encanta fijarme en cosas simples para fraguar pensamientos profundos-, podría decir abiertamente que Creatividad me ha servido para descubrir otra faceta y ser feliz. Hasta en aquello que inicialmente no te gusta puedes encontrar ventajas que sirven para forjar una personalidad más madura. De este ámbito siempre ensalzo abiertamente una actitud que me han inculcado mis más allegados: la falta de prejuicios y la voluntad de extraer todo lo positivo de cada personalidad.

    Ahora mismo, celebro la oportunidad de que las actitudes mencionadas anteriormente me han situado en una posición de felicidad acorde a las posibilidades con las que estoy desarrollando mi vida tras 19 navidades en este mundo -es mi época favorita del año, no podía ocultarlo-. Celebro la oportunidad de estar orgulloso de las decisiones que he tomado y los caminos tan fructíferos a los que he llegado. Si hubiera elegido otro camino en la vida, es harto probable que ahora mismo no estuviera en la Facultad de Económicas, con un ojo en el trabajo de Creatividad, otro en la noticia que tengo pendiente de subir a LaF1.es, una oreja en los dramas de Luis y una parte del cerebro pensando en el verano. Pero aquí soy feliz, con mis problemas y dilemas constantes.

    Antes de empezar el artículo, ya le he dicho a mi amigo Gonzalo Villalón que no iba a redactar precisamente una historia breve. "¡Pero si todo el mundo ha hecho algo corto!", me espeta el acérrimo fan del Atlético de Madrid. Si me hubieran educado para seguir la tendencia del resto de personas, no sería quien soy ahora, con mis virtudes y mis defectos, mi alegría y mi tristeza, mi jolgorio y constante enfado. La vida es demasiado corta para no hacer lo que te gusta.

    Me encantaría seguir con la historia, pero tengo que irme a la clase de conducir que empieza a las 19:00. Quizá en otro mundo pueda convertirme en aquel piloto de Fórmula 1 que participa en el símil de mi vida. Hasta entonces, seguiré siendo feliz contando las carreras desde una sala de prensa. Quién sabe hasta cuándo.

    Algún día escribiré una historia sobre todas mis cosas malas, pero eso lo dejo para otro texto (aún más) sintético.....
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