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  • Hace un par de semanas me sentí un poco deprimido y preocupado por un par de problemas que no vale la pena aquí mencionar; además que casi simultáneamente me dio una neumonía muy fuerte que me mandó a la cama, con fiebre y malestar general. Un golpe no viene solo, siempre otro viene detrás.

    En esos días había, como yo, una plantita bastante triste y enferma en el mínimo patio de nuestro hogar. Como Érika y yo sabemos muy poco del reino vegetal, lo que hicimos fue seguir regándola con agüita fresca todos los días y luego la cambiamos de lugar, la pusimos en el tejado, para que recibiera luz solar la mayor cantidad de tiempo. A mí, Érika me cuidó muy bien, con sopitas calientes e inyecciones diarias. En un par de días fui mejorando. En una ocasión, cuando bajaba de la segunda planta vi en la maceta la plantita, ya con un mejor aspecto. Al día siguiente una flor le había nacido. Tenía un tono rosado muy bonito. ¡Cuánta alegría me dio verla! Se la mostré a Érika y nos volvimos a ver con una sonrisa.

    Ese mismo día, por la tarde, ya cerca de la hora del crepúsculo, me asombré: ¡la flor se había marchitado! Era flor de un día. No pude dejar de pensar en Wolfgang Amadeus Mozart, quien apenas con 35 años de edad, falleció tan joven. El músico genio también fue casi flor de un día; pero el legado musical que dejó fue inmenso y de gran calidad. También mi flor rosada dejó su legado: la sonrisa que provocó en mí y en Érika es algo que siempre vamos a recordar; además su polen dulce, en su corto tiempo de vida, alimentó a unas abejitas.

    (Todo es relativo. Los animales y las plantas viven unos más que otros, dependiendo de su especie. Y los humanos vivimos un tiempo que no es más que un brevísimo parpadeo en el universo infinito.)

    Los días que siguieron a mi recuperación y al nacimiento de la flor me di cuenta, una vez más, que la vida y la muerte están tan cercanas la una de la otra. Pero lo bueno de todo eso es que todavía sigo respirando y me siento mucho mejor, y mi plantita se ve verde y fuerte. Los problemas casi siempre tienen solución. La plantita necesitaba los rayos del sol y ahora, agradecida, sigue floreciendo. Y yo necesitaba pensar… y luego resolver. Y necesitaba también –y afortunadamente los tuve- el amor y los cuidados de Érika.






    Música: "La soledad de ella", compuesta por Óscar Perdomo León. Arecio De León interpreta una variación en el piano.
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