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  • Piensa en tu vida.
    En todo lo que en ella influye.
    Piensa en todo lo que hace que tú seas tú. Que tú estés donde estés.
    Piensa en todo lo que hubieras perdido si tan solo una de las personas cuyo influjo (grande, minúsculo, efímero, constante) ha hecho que tú seas tú, no hubiera pasado por tu vida.
    Piensa en si hubiera sido igual sin la canción que tanto te inspiró.
    Piensa en si hubiera sido igual.

    No hubiera sido igual.

    No hubieras tomado las decisiones que tomaste, las que hicieron que hoy, ahora, tú seas tú.
    Y puedes arrepentirte.
    Puedes arrepentirte de no haber dicho algo, pero nunca de haber soltado algo que llevabas muy dentro y que iba a explotar. Puedes arrepentirte de haber rechazado una buena oportunidad, pero no de haber hecho una cosa en lugar de otra; hay tiempo para todo y eso te ha hecho crecer. Ha hecho que hoy, ahora, tú seas tú.

    Arrepiéntete de no haber dado un beso o de no haber expresado lo que sentías, pero no te arrepientas de haber sentido, de haber llorado por alguien, de haber arriesgado. Gracias a todo ello hoy, ahora, tú eres tú.

    Y si estás orgulloso de lo que eres, decide, arriesga, camina y no pares; no sabes qué hay preparado para ti.
    Vive y ama. Ama siempre, mucho. Puedes ser muy feliz. Y enfádate, todo lo que sea necesario. Grita y desfógate. Siente que hay algo que no va bien, pero no te hundas en ello, y sobre todo, no dejes que eso te atrape. En su lugar, haz algo para remediarlo. Las cosas no se arreglan solas.

    Disfruta de la gente, de sus palabras y gestos. De sus estupideces y de sus modas. Camina con ellos. Hazte a un lado cuando sea necesario; es importante tener tiempo para uno mismo. Crecer con los demás es esencial, pero más lo es crecer por dentro. Así que ejercítate. Embriaga tu alma, nutre tus sentidos, lee y crea; recorre cada melodía. Después de todo, cuando no queda nada, solo eso permanece.

    No tengas miedo de lo que se haya ido, y menos de lo que amenace con irse.

    Cuenta con la finitud de la inmensa mayoría de las cosas que acompañan la infinitud del espíritu. Saber que las cosas terminan hace que disfrutemos más de ellas. Así que convierte los finales en comienzos, en dosis de vitalidad.
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