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  • Os contaré una cosa. Os contaré en que me he fijado en la que ha sido catalogada como la peor semana de mi vida y en las cosas en las que me he ido fijando.
    Debería sentirme mal porque me he fijado, pero no porque tuviera que hacer un trabajo, porque se me olvido a las pocas horas, pero no puedo. Para bien o para mal está todo aún vivido en mi memoria.

    Os hablo del color azul de los billetes al ser perdidos por un revés del destino, llamado comúnmente avaricia, en un negocio considerado seguro.

    Os hablo del color rojo intenso de ese líquido que te mantiene con vida, cuando sin darte cuenta te encuentras en medio de un charco formado por tu propia sangre. Si, como en las películas, pero sin ser una película.

    Os hablo de las ojeras de enferma que lleva tu amiga y en las que te fijas y dices, bromeando, que con la semana que llevas te contagia seguro. Os hablo de del color blanco y negro de tu colcha, que no abandonas ni para comer porque, efectivamente, caíste enfermo.

    Os hablo de las líneas, apenas perceptibles, de la toalla con la que te secas después de darte la primera ducha del fin de semana.

    Os hablo de pequeñas cosas pero que significaron mucho en su momento.
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