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  • Sigue tus pasiones, sigue tus habilidades. Al moverse a través de las baldosas que nos marcan la vida ordinaria, nos vamos encasillando en los pequeños cuadrados, sin dejarnos pensar en más figuras.

    Siempre me he preguntado el motivo por el cual las baldosas son siempre cuadradas: yo nunca pondría baldosas en mi casa. Nos dan un patrón predeterminado para todos los días. ¿Por qué no buscamos un piso que nos pueda brindar nuevas formas cada día?

    Caminando por el Caballo Blanco, en el Casco Antiguo, intentando fijarme en los pequeños detalles que se juntaban en cada mirada que daba. Al realizar este ejercicio las paredes ganaban muchísima más vida. Cada grieta, cada balcón, cada discusión... Hacían que la realidad obtenga una dimensión que excede la de una mera foto, o una película.

    Mientras absorbía todos estos detalles, seguía fascinado pensando que mis pies nunca pisaron dos baldosas iguales: todas estaban desgastadas de una manera tan diferente... Intentaba pensar en toda la gente que había pisado estas calles, pero la imaginación no puede abarcar tanto.

    Inerme en todos estos esquemas mentales, levanté la mirada un instante para conocer al protagonista de mi historia: un niño en el tejado. Pensé en fotografiarlo justo cuando estaba quieto, pero no hubiera hecho justicia a mis más íntimas intenciones. Buscaba una figura en movimiento. ¿Por qué? Porque el niño representa el balance perfecto entre las habilidades y sus pasiones, con la principal característica de estar siempre en movimiento.

    Cuando pienso en creatividad, es inevitable pensar en los momentos cuando usaba zapatos talla 5, jugando con los dedos, y utilizando las paredes como las autopistas de mis coches de juguete. Este niño desconocido caminando sobre aquel tejado oscuro y gastado me mostró la respuesta a este dilema: seguir tus pasiones o habilidades. Al momento que buscas subir a aquel tejado, para dejar de ver el mismo suelo bajo tus pies, te obligas a formar una capacidad de escalar y saltar.

    Sin mayores miramientos, puedo concluir pidiendo que nunca utilices baldosas cuadradas en tu vida. Ya que puede que la vida te haya dado una estructura de habilidades aparentemente predeterminada, pero tenemos siempre esa pasión incesante que debe tener la libertad de poder cambiar la estructura y la sensación de estos pasos cada día. Nuestras habilidades no deben estar sujetas a nuestra manera de ser, sino que deben buscar alterarse y cambiar constantemente para satisfacer aquella expectativa generada por nuestras pasiones. Es probable que cueste, pero subir a un tejado cuando tienes ocho años también requiere su esfuerzo.

    Bendito niño. Bendito techo. Malditas baldosas. Benditas nuestras habilidades apasionadas.
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