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  • Durante la universidad evité y renegué, y vociferé mi inconformismo ante ciertas cátedras obligatorias que en ese momento creí inaportantes. Pues bien, pese a mi mala actitud llegué a la clase de "psicología de los medios" con John, un profesor que me robó el alma desde el primer segundo.

    Resultó que esta asignarura no estaba inclinada hacia la aburrida psicología clásica que ya había estudiado, sino en el psicoanálisis. Así fue como en dos meses devoré, por gusto y curiosidad, las obras completas de Freud. Me maravillé con sus ideas sobre el amor y la histeria, recorrí sus letras y reviví sus anécdotas.

    Al final del semestre terminé con la mejor nota de la clase, con un parcial lleno de felicitaciones en rojo y con una visión del mundo diferente. Esta fotografía fue del día en que fuimos a recibir la nota final y decidimos, mi profe y yo, jugar con Freud.

    ¡Oh mi líbido! mi líbido es tan sagrada que de ella no tendrás más, corazón.
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