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  • ENSAYO SOBRE LA INVISIBILIDAD
    Arte y texto por Kiki

    I.

    Marta: Escuché una plática. Había personas con discapacidad en la mesa en el café donde tomé un capuchino ayer. No tenía nada que hacer y así que no pude evitar escuchar sus pláticas. Se compartieron situaciones en las cuales sienten como si fueran invisibles. Uno sufra DE Parkinson y platicaba que cuando de repente se queda rígido y ahasta tirado en la calle y pide ayuda, nadie viene a ayudarle. Los pasantes piensan que es un borracho. Otro compartía que sufre de Diabetes y de repente cae en crisis por demasiado poca azúcar y parece borracho y tiene esta misma experiencia. Creo que tod@s hemos sufrido la INVISIBILIDAD, por ejemplo cuando en la familia o entre l@s a,ig@s nos hacen la LEY DEL HIELO. Es terrible! Es mejor que te regañen a que te ignoren!

    Bruno: En realidad yo pocas veces veo a personas con discapacidad. Será porque no salen a la calle o será que mis ojos, mi conciencia simplemente no l@s registran?

    Marta: Después caminé a mi casa por el andador y conscientemente miraba hacía todos los lados y me di cuenta de una señora con su esposo, ella ciega, que piden limosna en una esquina. Tal vez allí han estado desde hace mucho tiempo pero para mí han estado invisibles hasta hoy. Había otra joven cantando con fervor, esta sí la había escuchado antes, pero nunca había tomado tiempo para mirarla. Obviamente está mal de los ojos también, no ve y aunque había pasado por su canto con el que pide limosna diario por tal vez años, nunca la había mirado! Eso es terrible!

    Bruno: Me impresionas! Estoy recapitulando que somos más que 7 mil millones de seres humanos sobre la tierra y cuántos veo yo? Casi a nadie! La súper – mayor parte de la humanidad solamente es una idea en mi cabeza, los y las que he visto son una parte minúscula y entre tod@s que me rodean y que podría mirar y verl@s también solamente escojo muy poquitos!

    Marta: Vamos al andador, Bruno, vamos a experimentar con nosotros mismos y ahora. Vamos a pasear y mirar como hacemos normalmente, luego en el café nos compartimos quienes vimos y analizamos, te parece?

    Bruno: Órale, A, vámonos!

    Los dos salen a la calle para una hora después reencontrarse en un café

    II.

    Marta: Entonces, como te fue?

    Bruno: Necesito calmarme.

    Marta: Y porque necesitas calmarte?

    Bruno: Estoy en shock sobre mi mismo: sabes observé que mis ojos van a mirar quien es guapa o guapo, como los de las telenovelas, los cantantes de Rock y los miro con agrado pero tal vez con mucha envidia también, en mí se piensa al verl@s ASÏ QUISIERA VERME YO!

    Marta: Honestamente: yo también descubrí algo feo de mí, un poco contrario a lo tuyo. Vi un indígena sin piernas que se movía sobre una tabla de madera con ruedas, se empujaba con sus brazos moviéndolos sobre el piso. Realmente lo hacía maravillosamente, merecía muchísima admiración, pero lo que más fuertemente sentí era lástima y una lástima que no nos unía a él y a mí, a lo contrario: pensaba QUE BIÉN QUE ÉL ESTA EN ESTA CONDICIÓN Y NO YO!

    Bruno: yo no voy casi a la iglesia, pero esto, como sentimos tú y yo, como miramos a los otros no parece muy cristiano!

    Marta: Yo que estoy estudiando los Derechos Humanos, de veras, parece que cuando miramos a los otros solo buscamos reafirmar a nosotros mismos: vale esta otra persona más que yo (por ser más atractivo) y entonces me siento algo mal. O valgo yo más que la otra persona (porque yo puedo caminar y él no?

    Bruno: Y los adolescentes se quejan que como sociedad no los vemos, no les damos su lugar, desde luego las personas con discapacidad, pero en la radio ayer hablaron de los ancianos y como muchos están maltratados y explotados y hasta despojados por sus propios familiares. Quien ve a un anciano? Y si no morimos antes todos serémos ancianos algún día! Y : cuánt@s más no vemos: limosner@s, indígenas, y much@s otr@s más.. parecen invisibles a nuestros ojos…

    Marta: Pago los capuchinos, yo te invito, déjanos regresar por el andador y tratar de abrir nuestro margen de interés y mirar a alguien que antes de nuestra plática no hubiéramos mirado con atención!

    Pagan y regresan a la casa

    III.

    Marta: Contigo puedo ser honesta: vi a dos que parecieron gays. Jovencitos, flacos, con tatuaje y adentro de mi la misma cosa: curiosidad con morbo, una voz que dice: QUÉ BIEN QUE NO SOY GAY! Pero en realidad: PORQUÉ ES BUENO NO SER GAY? Luego me forcé a mirar sus ojos. Caché la mirada de uno de los dos y había tristeza en esta mirada y por un segundo quería acercarme e invitarlos a sentarse conmigo y preguntarles como es su vida. Pero no me atreví.

    Bruno: Te entiendo. Yo pasé la joven ciega que canta, no tan bello, pero con un fervor tremendo. Quería sentarme a su lado y en una pausa de su canto preguntarle cosas. Me atreví sentarme y como inmediatamente temía la mirada de los pasantes. Que pensarán de mí que yo me siento al lado de una limosnera ciega? Temía ser visible a los otros y que me iban a bajar de su estimo por “bajarme” a sentar con una indígena limosnera, ya que los indígenas son invisibles aquí y los limosneros igualmente. No me atreví quedarme sentado allí. Y ahora me llena una terrible vergüenza. Tócanos tu flauta un rato!

    Marta: es terrible como nosotros los seres humanos parecemos ser en el fondo animales de mucho poder, lo buscamos continuamente, con cada persona que cruza mi camino y que veo y que me ve, parece que no se abre nuestro corazón pero que solo nos preguntamos: Vale más esta otra persona o valgo más yo? Exactamente como hacen los animales. Me deprime, es terrible.

    Bruno: Tal vez así es, pero podríamos hacer algo para cambiarnos un poco? Mañana si me siento con la limosnera ciega y algo le pregunto. Abriré mi corazón y la preguntaré algo, a ver qué se me ocurre….

    Marta: Súper idea. Yo a ver a quién puedo descubrir mañana con esta nuestra nueva consciencia y acercarme para aprender a verlo o la como mi igual, otro ser humano que quiere sentir que vale y teme que los otras le señalen que no vale. En eso somos iguales todos, verdad? Anhelamos ser respetados y amados y tememos que no sea así. Queremos ser vistos y aceptados y cada uno damos poco de esta aceptación a otros….. Yo voy a hacer un esfuerzo mañana también para abrirme con respeto y curiosidad hacía alguien que antes de nuestra plática no hubiera regalado ni un momento de mi atención!

    IV.

    Marta: Hola, dos semanas que no nos vimos!

    Bruno: Si de veras. Pero, invítame a un cafecito y te platico. He evolucionado!

    Marta: Entonces, que pasó? Como evolucionaste?

    Bruno: Me senté con la cantante limosnera. Ella si me platicó un ratito, habla poco español, pero me dijo que vive en un paraje de una comunidad maya, es huérfana, no sabe qué pasó con sus ojos, así nació, nunca pudo ver. Es madre soltera y su hijito de 7 años la lleva cada día al andador. Dice que es duro cantar todo el día pero si gana para vivir. Le dije que hay un grupo de personas con debilidad visual en nuestra ciudad, Grupo Visión, y si quiere la llevo a una de sus reuniones. Tal vez podría aprender andar con un bastón blanco o simplemente conectarse con otros en una situación parecida. Dice que sí y a ver si viene el próximo lunes conmigo.

    Marta: Súper mi Bruno, fabuloso!

    Bruno: Si, y sabes: una vez que empezamos a charlar olvidé a toda la otra gente y qué pensaría de mi y más que escuchaba a la limosnera, más crecía mi admiración por ella. Me di cuenta como no solamente no sé nada de las vidas de limosneros, pero tampoco sé mucho de los indígenas y eso que hay más indígenas en nuestro estado o aquí en nuestra región que otra gente. Sabes: mañana empiezo a aprender uno de los idiomas mayas, el tzotzil, el que más se habla de por aquí. Con un poco Tzotzil podría platicar mucho más con esta cantante ciega.

    Marta: Te admiro, Bruno. Yo también he evolucionado tantito. Me fui a uno de los albergues de ancianos aquí en la ciudad. Les ofrezco masajitos de sus manos. A los ancianos ya nadie nunca los toca. Algunos no quieren, solo quieren que les tome sus manos y eso es suficiente. Otros disfrutan el masajito y platicamos un poco. Vi otra señora que va allí y les lleva una comida rica a veces y otra viene con su bello perro y a muchos ancianos les gusta acariciar al perro. Todas estas personas han tenido largas vidas, con mucho trabajo, han sobrevivido dolores y tragedias y poca gente quiere escuchar de eso, o ver la tercera edad, que nos espera a todos. Es como si cerramos los ojos a la realidad, como tú y yo hemos hecho por mucho tiempo. Ahora me llena el corazón aprender de las vidas de otr@s y poder darles momentos de gozo.

    Bruno: Creo que en realidad lo que nos hace más feliz en la vida es encontrarnos de tu por tu con otras personas y servirles. Cuando logro eso ya no me importa el poder, servir en buena manera así a otro ser humano me llena el corazón,

    Marta: Si, y cuando eso pasa, me gusta la persona que soy, inmediatamente me quiero y me respeto y el mundo me parece bello.

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    Arte por Kiki
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