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  • Cuando pienso en ello parece el recuerdo lejano de un sueño. Casi como si nunca hubiese sucedido. 
    En retrospectiva, parece la escena de una película, el pasaje de un libro. A lo mejor todo sucedió mientras alguien más nos escribía.


    «Eran las 9:00 pm cuando dos jóvenes deambulaban por la calle. Ninguno de los dos sabía exactamente que hacer, o a dónde ir ni qué podrían hacer del resto de su vidas, pero era de noche y creían estar enamorados. 

    Es un error común durante la juventud pensar con facilidad ese tipo de cosas, en especial cuando comienza a anochecer. Nadie nunca podrá saber el por qué con certeza, pero la realidad es que sucede algo con los corazones de las personas durante las últimas horas del día que ocasiona pensamientos vagos a cerca de las cosas más extravagantes y sentimientos de extraña naturaleza relacionados con lugares inhóspitos, personas en medio de ningún lugar. 

    En fín, estos eran unos jóvenes que, deambulando por las calles, se creían enamorados. Así pues, buscando un lugar seguro para resguardarse de la noche y esperar algo, decidieron entrar a una tienda que habría las 24 horas. 

    En mis recuerdos, ese lugar se veía como la cosa más brillante en cuadras, y posiblemente para ellos también lo parecía porque compraron algo y se sentaron en los bancos adentro del lugar. Enfrente de ellos, al otro lado del cristal que separaba su pequeño mundo brillante de la devoradora noche, no habían más que algunas casas y algunos coches estacionados que ellos no podían ver con claridad, tal vez porque estaba oscuro o tal vez porque platicaban casi sin verse, yo más bien creo que sus propios reflejos en el cristal acaparaban sus miradas de cualquier otra cosa en ese momento. Se hablaban mientras miraban el reflejo del otro. A lo mejor era porque afuera estaba demasiado oscuro o porque adentro era demasiado brillante, pero por la forma en que se contemplaban, yo estuve segura de que se trataba de amor. 

    Estoy convencida de que no pudieron sentirlo en ese instante, fascinados el uno con el otro como lo estaban, pero ese lugar se convirtió en ningún lugar; el tiempo se detuvo y todo lo que hubo fueron los sonidos irreales de los refrigeradores funcionando,  ellos y sus cristalinos reflejos. 

    Y pasó como normalmente pasa; primero se acercaron y luego se acercaron más, como si nada, como si no se dieran cuenta de su proximidad, como si sus corazones no se aceleraran y la ansiedad no ahogara sus sistemas hasta que, como un accidente ya planeado, sus rostros estuvieron tan juntos que no hubo más remedio que besarse. Probablemente ninguno de los dos sabía como hacerlo, era irrelevante, el daño estaba hecho; ya no habría marcha atrás para él, ella recordarían ese día para siempre.

    Él era imposible de leer, pero ella, ella jamás se había sentido tan nerviosa; temblaba. Una sensación extraña la de ser besado, tal vez, pero más extraña aún le parecía la sensación de besar a alguien queriéndolo así.

    Aún mucho tiempo después recordaba ese momento y esa sensación con detalle, lo escribió y esperó con ansias el día en que todo lo que había sentido se volviera un dudoso recuerdo. 

    Finalmente tuvieron que dejar aquel lugar congelado en el tiempo. Lo dejaron felices y radiantes, seguían sin saber a donde iban ni que harían consigo mismos, pero qué más daba, estaban enamorados. Estaban enamorados y esa idea descabellada era lo único que parecía tener sentido aquella noche.

    Dejaron el lugar, el tiempo volvió a correr y todo regresó a como siempre fue. Pero algo de ellos se quedó perdido en esa tienda de ningún lugar, no podría decir lo que fue, pero jamás volvieron a recuperarlo. 

    Y nunca pudieron regresaron a ese lugar de nuevo o quien sabe, a lo mejor nunca lo intentaron realmente. Tal vez todo lo que vi esa noche fue real, tal vez sólo fue un sueño.»
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